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El suicidio es la principal causa de muerte no natural en España. Canarias es la cuarta comunidad con mayor tasa de suicidios con 8,47 suicidios por 100.000 habitantes en 2018, según datos del Instituto Canario de Estadística (ISTAC).

La pandemia ha incidido aún más y de manera muy directa en la salud mental de la población. Normalizar y hablar del suicidio ayuda a prevenirlo.  

El suicidio no es un problema único y exclusivo del ámbito de la salud mental.

La pandemia ha ocasionado un aumento en el número de suicidios. Vivimos situaciones complicadas provocadas por la incertidumbre en el ámbito laboral, económico y social que generan estrés, ansiedad, depresión, etc., y que se traducen en una merma en el bienestar de las personas. No tener un proyecto de vida, no contemplar un futuro o la soledad impuesta son factores que no podemos dejar de lado.

En España, se produce un suicidio cada dos horas y media. Por cada suicidio consumado, 200 personas intentan quitarse la vida al día y se ven afectados entre 6 y 14 familiares.

El suicidio debería de ocupar la agenda diaria de los medios de comunicación, escuchar y hacer oír las voces de las personas expertas: Personal médico y de las personas que han vivido esta experiencia y de su entorno más cercano. Conocer y escuchar sus testimonios ayuda a salvar vidas.  

Acabar con los falsos mitos

Es hora de empezar de una vez por todas a desterrar mitos falsos, tópicos y erróneas tradiciones e informar sobre el suicidio con rigor y normalidad. Los medios de comunicación pueden y deben ayudar en esta tarea, porque el suicidio se puede prevenir. Crear la necesidad social de hablar de los problemas de salud mental para normalizar.

Los mitos de la comunicación siempre han fomentado la idea del contagio cuando se habla de suicidio o el conocido como “Efecto Werther” pero, frente a este mito, la realidad es que una información bien tratada protege socialmente.

La Organización Mundial de la Salud dice que hablar del suicidio en positivo ayuda a la prevención en un diez por ciento. Es lo que se conoce como “Efecto papageno”.

El suicidio se puede prevenir

Es necesaria una implicación y compromiso de los responsables públicos y fuerzas políticas para que la salud mental sea una prioridad real en la atención de la población. El Sistema Nacional de Salud tiene que empezar a normalizar los problemas de salud mental ya de por sí estigmatizados.

El suicidio es un problema de salud pública y el Estado tiene el deber de cuidar de la salud de la población. Casi 64 mil personas fueron atendidas en las unidades de salud mental de la Comunidad Autónoma de Canarias en 2020 de las que el 54,85 por ciento fueron mujeres y el 45,16 por ciento, hombres.

La ideación suicida: Problema con un marcado carácter de género

Las mujeres sufren múltiples estigmas por el mero hecho de ser mujer y son más vulnerables al suicidio y la depresión en una sociedad patriarcal donde el hombre no acepta la vulnerabilidad o el pedir ayuda. El 23 por ciento mujeres de entre 15 y 29 años tuvieron ideaciones suicidas.

Hay que ampliar recursos de atención para que la salud mental deje de ser la hermana pobre de la sanidad. La estrategia tiene que ir a la raíz de los riesgos o causas que puedan precipitar este problema de salud. Hay que empezar a tratar el suicidio en todos los sectores, más allá del ámbito sanitario: Relación de violencia de género y suicidio, un plan de educación en el sistema educativo para prevenir el suicidio, etc.

Una responsabilidad que conlleva facilitar la información para que aquellas personas que no encuentran una salida puedan hablar con su entorno y pedir ayuda a los profesionales sanitarios más cercanos.

Contacto: Teléfono de la Esperanza
http://telefonodelaesperanza.org
Teléfono: 902 500 002

Manual tratamiento informativo sobre el suicidio:

https://www.mscbs.gob.es/profesionales/excelencia/docs/MANUAL_APOYO_MMCC_SUICIDIO_04.pdf