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El suicidio es un tabú en nuestra sociedad y, a veces, he escuchado “aquella persona se mató”, “conozco a alguien que se quitó la vida”, pero se habla poco de suicidio. Sí ocurre que en algunos colectivos sociales como los de salud mental tratan este tema de conversación. La realidad es que la mayoría de las personas que tienen un problema de salud mental no-detectado, no saben que lo tienen ni siquiera sus familiares, ni pareja, ni personas allegadas. En mi caso, fue así desde los trece hasta los veintitrés años. Pienso que el karma está funcionando en esta realidad, y hay expertos que afirman, como Mircea Eliade, el gran antropólogo de todos los tiempos, que “si te quitas la vida, te reencarnas en algo peor”.

Personalmente, cuando me detectaron el problema de salud mental controlado que tengo ahora, la familia fue un pilar fundamental para que yo saliera adelante. Gracias a la familia pude afrontar las dificultades que tuve para avanzar y salir del “pozo carcelario mental” en el que estaba, porque era como una “cárcel mental” atrapado en una realidad inconsciente, como en una película de Hollywood.

Cuando me detectaron esta afección cognitiva y me recetaron medicinas, se generó en mi persona una depresión inducida y comencé a tener ideación suicida, algo muy malo para una persona. Estos “pensamientos vacíos de naturaleza suicida” fueron una combinación de factores y llegué a sentir que no era inteligente. Comuniqué a la primera doctora que me trató si podía disminuirme poco a poco la medicación hasta que fuera “un tratamiento farmacoterapéutico” y, entonces, comencé a mejorar.

En los peores momentos, de esta pequeña crisis suicida, verbalicé todo a la familia y mi familia fue clave para que no llegara a más esta afección cognitiva. De hecho, con el tiempo, comencé a hablar con psicólogas que me escucharon, pero la verdad de todo es que yo finalmente encaucé mis pensamientos hacia cosas positivas y se me quitaron las tendencias suicidas. Gracias también a mi fondo/bagaje cultural como persona, de apreciar la vida y de todas las profesionales de la salud mental con las que hablé.

Añado a lo anterior que pedir ayudar a un médico de cabecera, amiga de confianza o ir a urgencias evitaría muchos males. Por otro lado, eludir “presiones sociales”, tener una dieta equilibrada, dormir a tus horas, evitar psicoestimulantes, meditar, hacer ejercicio, conectarte con la naturaleza, hacer cosas que te gusten y estar ocupado ayudando a las personas, evitaría este tipo de situaciones.

Conectar con el mundo en miniatura de sociedad que tenemos en Canarias hace que desdramatizar las situaciones difíciles que hayas podido vivir y sea el acicate para desarrollar una vida plena y feliz. Coger menos el coche, patear un pueblo de tu provincia, pintar una acuarela, conectar con alguna religión y, definitiva, “estar en tu elemento” como decía el escritor Ken Robinson.

Actualmente, mi vida está normalizada, estudio y trabajo, y no he vuelto a tener tendencias suicidas desde hace once años. Mis mejores amigos me han ayudado durante más de cuatro años a lidiar con “mis cosas” y he encontrado la paz interior y social que necesitaba para salir adelante. 

Quitarse la vida es una fatalidad, cosas mejores están por llegar.