La pérdida de un ser que apreciamos siempre nos deja una estela de tristeza. Patricia fue un miembro más del equipo de empoderamiento, formó parte de la familia de Atelsam y compartió, con quienes la conocimos, sus bienes más preciados: La lucha por la vida, su experiencia, superación y sabiduría. Estos, son regalos que nunca se pierden a pesar del paso del tiempo.

Permítanme compartir con ustedes la siguiente reflexión en forma de relato:

Había una vez, en una zona de altas montañas, un águila que enseñaba a volar a su cría. Aquellos días de verano eran benignos y de cielo despejado. Un día, llegado el otoño, el cielo se cubrió de densas nubes negras. La cría, acostumbrada a ver el cielo y el sol, emitió un grito de desesperación. No veía ese manto celeste con su sol resplandeciente. El águila, viendo esto, le pidió que la acompañara. Juntas, remontaron el vuelo. Después de una dura travesía, ambas ya estaban por encima de las nubes. La cría se sentía feliz, porque había sobrevolado esas nubes negras que ocultaban su sol y su manto azul.

Creo que a veces deberíamos desplegar nuestras alas y animarnos a volar más alto. Patricia lo consiguió.

Gracias por habernos dejado compartir contigo tanto y tan bueno.

Descansa en paz.